PANDEMÍOPOLIS

Casi todas las cosas grandes que existen son grandes porque se han creado contra algo, a pesar de algo: a pesar de dolores y tribulaciones, de pobreza y abandono; a pesar de la debilidad corporal, del vicio, de la pasión.

Thomas Mann

A pocos años de distancia de donde nos encontramos exactamente hoy, el futuro de la sociedad que conocemos se desdibuja entre las incontables cadenas de mortandad que desechan tras de sí las monstruosas maquinarias políticomilitares y sus absurdas respuestas al conflicto humano. Se trata de un mundo regido por un incuestionable consejo redactor financiero: el verdugo supremo de toda esperanza de libertad individual.

Para ese entonces la naturaleza habrá sido final y felizmente sofocada, y con resolución unánime, excluida como elemento indispensable de la vida. En tanto, cualquier deseo de contacto con su esencia será solo posible a través del comercio dominado por emporios económicos que consiguieron patentarla y replicarla de manera sintética y artificial.

En modo semejante y como consecuencia de ello, la humanidad, en términos de valores como el amor, la solidaridad y la libertad se encuentran irrevocablemente extintos en esta oscura era, obligando a las mentes y corazones a permanecer en silencio, lejos e indiferentes de cualquier reflejo poético o artístico capaz de encender las llamas de la duda o la pasión.

Por tal aniquilamiento de conciencia, el género humano se ve reducido en modo tan humillante a indistintos grupos de autómatas que no responden a la razón ni a los sentimientos.

Son, desde entonces, seres vegetativos que degeneraron físicamente debido a enfermedades que se expanden deliberadamente y sin ninguna contención o tratamiento, atiborrando de esclavos incalculables campos intoxicados de trabajo repetitivo que desencadenan en grandes cantidades de nada y destrucción.

No muy apartado de allí, en alguna grieta de la historia, el estudio y la divulgación de las ciencias es abolido para siempre de lo que alguna vez se llamó cultura. Allí es cuando la superstición vino a ocupar su ilegítima responsabilidad como directriz y motor del conocimiento. Esto último dio pie al encumbramiento de fanatismos exacerbados y sustentados en la brutalidad de la violencia y el miedo.

Bajo este orden de cosas, hembra y macho yacen tranquilamente hacinados y errante entre laberintos de acero y concreto que en lo más alto de sus muros exhiben gigantes pantallas que disponen, absolutas de sí mismas en su autoridad, sobre el rumbo de la existencia humana y los trasuntos de toda vida.

El punto de inflexión es hoy.

Napalm
Banksy

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